Mi fiel Bertold
El conde regresa de las cruzadas y manda reunir a todos sus sirvientes. Una vez reunidos, les dice:
-Antes de irme a las cruzadas ordené que le pusieran a mi esposa, la condesa, un cinturón de castidad con guillotina. Ahora veremos si me fueron fieles. ¡Abajo los pantalones!
Todos los sirvientes tenían el miembro rebanado, menos uno. El conde lo llama:
-Ven acá, mi fiel Bertold, y dile unas palabras a este montón de desvergonzados.
-¡Ggg... g... ggggg... gg!
Fotografía in vitro
Una pareja llevaba muchos años de matrimonio y no había logrado tener familia. Tras consultar a varios doctores, sin éxito, fueron a ver a un especialista muy renombrado, quien, tras muchos estudios, les dijo que la única solución era que buscaran un padre sustituto.
-¿Y qué es un padre sustituto? -preguntó la señora-.
-Es un hombre seleccionado con mucho cuidado y que hace, por una sóla vez, las funciones del esposo para que la mujer quede embarazada.
La señora vaciló un poco, pero su marido le dijo al doctor que él no tenía ningún inconveniente con tal de ver realizada su ilusión de convertirse en padre. Pocos días después, se contrató a un joven y se concertó una cita para que, el siguiente domingo por la mañana, cuando se ausentara el marido de la casa, visitase a la señora para cumplir su tarea.
Sin embargo, sucedió que un fotógrafo de niños había sido llamado a una casa vecina para retratar a un bebé. Por caprichos del azar, el hombre se equivocó de domicilio y llegó al de la señora:
-Buenos días, señora, vengo por lo del niño.
-Sí, pase usted. ¿Quiere tomar algo?
-No, muchas gracias, el alcohol no es bueno para mi trabajo. Lo que quisiera es comenzar cuanto antes.
-Muy bien, ¿le parece si vamos a la habitación?-
Puede ser allí, pero también me gustaría una aquí, en la sala, dos en la alfombra y otra en el jardín.
-¿Pues cuántos van a ser? -se alarmó la señora-.
-Ordinariamente son cinco en cada sesión, pero si la mamá coopera pueden ser más, todo depende -dijo, mientras sacaba del portafolios un álbum-.
Me gustaría que viera antes algo de lo que he hecho. Tengo una técnica muy especial y única que le ha gustado mucho a mis clientas. Por ejemplo, mire el retrato de este niño tan bonito: lo hice en un parque público, a plena luz del día. ¡Cómo se juntó la gente para verme trabajar! Esa vez me ayudaron dos amigos, porque la señora era muy exigente: con nada le podía yo dar gusto y quedarle bien. Para colmo, esa vez tuve que suspender el trabajo porque llegó una ardilla y comenzó a mordisquearme el equipo.
La señora, estupefacta, escuchaba todo esto mientras el fotógrafo continuaba:
-Ahora vea estos mellizos. En esa ocasión sí que me lucí, todo lo hice en menos de cinco minutos: llegué y ¡paf!, dos tomas y mire los gemelos que me salieron.
La señora estaba cada vez más asustada oyendo al fotógrafo, que continuaba:
-Con este niño batallé un poco más, porque la mamá era muy nerviosa. Yo le dije: "Mire, señora, usted mire hacia otro lado y déjeme hacer todo a mí". Ella se dio la vuelta, y así pude yo hacer mejor mi trabajo.
A esta altura, la señora estaba a punto del desmayo. El fotógrafo, guardando su álbum, le dijo:
-¿Quiere que comencemos ya, señora?
-Cuando usted diga.
-Está bien, voy a por mi trípode.
-¿Trípode? -preguntó, temblando, la señora-.
-Sí -respondió tranquilamente el fotógrafo-, es que, ¿sabe usted?, mi aparato es muy grande y necesito un trípode para apoyarlo y estabilizarlo, porque ni con las dos manos puedo sostenerlo bien... ¿Señora? ¿Señora? ¡Señoraaaaa!
Testículos calientes
Tres amigas charlan sobre su vida sexual:
-A José, cuando hacemos el amor, se le calientan los testículos -dice una de ellas-.
-Parece que eso le pasa a todos los hombres, porque a Juan también le sucede lo mismo -responde otra-.
-Pues yo no me he fijado con Luis, pero esta noche lo sabré -dice la tercera-.
Al día siguiente, la mujer de Luis aparece con un ojo morado, un brazo enyesado y moratones por todo el cuerpo.
-¿Que te pasó? -inquieren, preocupadas, las dos amigas-.
-Fue Luis -responde-.
-¿Luis? ¿Pero por qué te golpeó así?
-Es que anoche, cuando hacíamos el amor, le toqué los testículos para confirmar lo que habíamos hablado y, al ver que los tenía calientes, le dije: "Se te calientan igual que a José y a Juan".
Maridos devotos
Dos mujeres en la peluquería:
-Gertrudis, ¡estoy desesperada! En el terreno sexual, paso más hambre que un maestro de escuela. Claro, mi marido es del Opus Dei, y un día por el Opus y otro por el Dei... ¡nada de nada!
-¡Ah! Pues yo en ese terreno estoy muy bien servida. Mi marido es luterano, y un día por el úter y el otro por el ano...
Los cinco golpes
Un rico hombre blanco sorprende un día a su jardinero negro orinando y comprueba que tiene un pene enorme, así que le pregunta:
-Oye, Tom, ¿qué haces para tener tan magnífico aparato?
-Es fácil, lo único que hay que hacer todos los días es, al ir a la cama, conseguir tener una erección, y entonces golpear el pene contra los barrotes de la cama muy fuerte cinco veces.
El blanco no acaba de creerse esto, pero en vista de la irrefutable evidencia decide probarlo, así que esa noche, cuando se va a la cama, espera a tener una erección y pega los cinco mamporrazos contra los barrotes de la cama. Entonces su esposa, medio dormida, esboza una sonrisa y pregunta:
-¿Tom? ¿Eres tú?
Pesimista
Esta es la historia de una mujer que siempre fue pesimista. De niña, por ejemplo, si su papá le compraba patines, la niña, al verlos, decía: "¿Y si me caigo?". Si le compraba una muñeca, la niña decía: "¿Y si se rompe?". Y así siempre.
El padre de la niña, un señor adinerado, la llevó a distintos especialistas, quienes sugirieron que intentara darle mayor seguridad, que ya se le pasaría con el tiempo. Pero el tiempo pasaba, y a pesar de que el padre se esmeraba en darle todo, su hija no daba muestras de mejorar. A los 15 años, intentó enviarla de viaje en un crucero por el Caribe, pero ella repuso: "¿Y si el crucero se hunde?" Entonces le propuso enviarla a Europa en avión, pero ella respondió: "¿Y si el avión se cae?"
Pasó el tiempo, y la antes niña ya era toda una mujer de 30 años, pero sin mejoría alguna. El padre, consultando psiquiatra tras psiquiatra, encontró uno que le sugirió:
-Lo que le falta a su hija es conocer el amor. ¿Por qué no le consigue algún novio?
-Ya lo intenté, pero ella empieza: "¿Y si no me quiere, si luego me abandona?", y cosas por el estilo. Además, así de pesimista no hay quien la soporte.
-Pruebe entonces a hacerlo por la fuerza. Usted es un hombre de muchos recursos, podría pagarle a su chofer, por ejemplo...
Desesperado, decidió hacer la prueba. Esa noche, el chofer entró a la habitación de la hija, le pegó un par de bofetadas, la arrojó sobre la cama, le arrancó la ropa y, desnudo él también, se le echó encima. La chica estaba inmóvil, dura. El chofer la penetró. Ella seguía totalmente inmóvil, como paralizada. Entonces, enojado, el chofer le gritó:
-¡Muévete un poco!
Ella respondió:
-¿Y si se sale?
La cortadora de pepinos
Un hombre que trabajaba en una fábrica de conservas le confesó a su mujer que estaba poseído por una terrible obsesión, un impulso incontrolable de colocar su pene en la cortadora de pepinos. Espantada, la esposa le sugirió que consultara con un psicólogo. El marido prometió que lo pensaría, pero continuó repitiéndole y repitiéndole a la esposa el mismo cuento, hasta que ella, aburrida, un día le dijo:
-¡Pues mételo en la cortadora de pepinos y no me jodas más! ¡El pene es tuyo, por lo tanto es tu problema!
Al día siguiente, el marido llegó a casa cabizbajo, profundamente abatido:
-¿Que pasó, querido? -le preguntó la mujer, preparándose para lo peor-.
-¿Te acuerdas de mi obsesión de meter el pene en la cortadora de pepinos?
-¡Oh, no! -gritó la mujer-. ¡Dime que no hiciste eso!
-¡Sí, lo hice!
-¡Oh Dios! ¿Y qué pasó?
-¡Me despidieron! -respondió el marido-.
-¿Qué? ¿Y la cortadora de pepinos? ¿Qué te hizo? ¿Te lastimó?
-¡Noooo..., a ella también la despidieron!
El abogado de la corona
Emanuel era un alto funcionario de la corte del rey Akbar. Hacía mucho tiempo estaba obsesionado con el deseo incontrolable de chupar los voluptuosos senos de la reina hasta hartarse. Por supuesto, nunca había podido hacerlo. Un día reveló su deseo a Birbal, principal consejero y abogado de la corona, y le pidió que hiciese algo para ayudarlo. Birbal, después de mucho pensar, aceptó ayudarlo, con la condición de que le pagara mil monedas de oro. Emanuel aceptó el acuerdo.
Al día siguiente Birbal preparó un líquido que causaba picazón y lo derramó en el sostén de la reina, mientras ésta tomaba un baño. Pronto el escozor comenzó y fue aumentando en intensidad, dejando al rey preocupado y a la reina muy molesta. Se hicieron consultas a los médicos y, ante la falta de respuesta de éstos, Birbal dijo que a su entender sólo una saliva especial, aplicada por cuatro horas, curaría el mal. Birbal también dijo que esa saliva tan especial podría ser encontrada en la boca de Emanuel.
El rey Akbar se puso muy feliz y llamó a Emanuel, quien durante las cuatro horas siguientes se cansó de chupar a voluntad los suculentos y deliciosos pezones de la reina. Lamió, mordió, apretó y acarició; en fin, hizo todo lo que siempre había deseado.Con su deseo ya plenamente realizado y su líbido satisfecha, Emanuel se negó a pagarle a Birbal lo que habían convenido; además, se burló de él y se le rió en la cara. Sabía que, naturalmente, Birbal nunca podría contar el hecho al rey. Pero Emanuel había subestimado al abogado de la corona, hombre de muchos recursos, como todos los de su profesión. Al día siguiente Birbal colocó el mismo líquido en los calzoncillos del rey.
Noche de pasión
Ella está ya medio dormida en la cama cuando escucha llegar a su marido del trabajo y siente cómo es acariciada levemente, casi de manera furtiva, recorriendo suavemente la periferia de su cuerpo, y siente cómo su cuerpo reacciona inmediatamente a las caricias, el marido toma sus manos y las recoge, mete una de sus manos por su espalda y llega atrevidamente hasta sus redondeces. En ese momento ella está ardiendo, jadeante y deseosa, entonces sus piernas son abruptamente levantadas, la mujer siente que la pasión perdida por años ha regresado y nota cómo su hombre recarga sobre ella todo su peso, siente en su nuca el aliento cálido de él, ella levanta las caderas, separa e inclina sus piernas y se dispone a ser tomada cuando, de pronto, su marido suelta sus piernas, gira sobre sí mismo y se acomoda en su lado de la cama. La mujer, atónita y respirando entrecortadamente, pregunta qué pasó. Él responde:
-¡Ya!
-¿Ya qué, grandísimo cabrón?
-¡Ya duérmete, mi cielo, que ya encontré el control remoto!
Secretaria moderna
Dos amigos se encuentran en una ultramoderna oficina en el año 2176.
-Hola, Juan, ¿cómo te va?
-De maravilla, Carlos, muchas gracias.
-A propósito, te felicito, ¡qué hermosa secretaria tienes!
-Pues, ahí donde la ves, es un robot.
-¿Un robot? A ver, explícame.
-Mira, le aprietas una teta y toma dictado, le aprietas la otra y escribe en el ordenador (word, access, excel, power point o lo que le digas), le chupas la oreja derecha y te sirve café. Y eso no es todo, hace el amor mejor que cualquier mujer de carne y hueso.
-¡No me digas!
-Sí, es una maravilla. Es más, si quieres te la presto un rato para que te ayude.
El hombre acepta y se la lleva, supuestamente, a su oficina. A los pocos segundos, desde el baño, se escuchan unos gritos desesperados.
-¡Aaayyy, aaaayyy! ¡Aaauuuuuxiiiliooo! ¡Ayúdenme, por favor!
El amigo dueño del robot corre al baño gritándole al otro:
-¡Carlos! ¡Carlos! ¡Se me olvidó decirte que por atrás es un sacapuntas...!
Instinto animal
En la sala de una consulta veterinaria se encuentran dos perros: un hermoso pastor alemán y un doberman, igualmente grande y bello. El pastor le pregunta al doberman:
-¿Por qué estás aquí?
-Bueno, a mí me van a sacrificar...
-¡Ah, caray! ¿Y por qué?
-Bueno, el caso es que le mordí la manita a la hijita de mi dueño.
-Oye, ese no es motivo... ¿No te pueden perdonar?
-Lo que pasa es que la niñita tiene tres meses y casi le arranqué la mano.
-¡Dios mío! ¿Por qué hiciste eso?
-No sé, simplemente sentí ganas de hacerlo... Pero dime, ¿por qué estás tú aquí?
-Bueno, lo mío fue también cuestión de ganas: me estaba bañando con mi dueño, él se agachó para recoger el jabón y no me aguante las ganas... Me fui por detrás, lo sujeté con mis patas y lo penetré.
-¡Aaay, qué fuerte! ¡Seguro que a ti también te van a sacrificar!
-No, a mí solo me van a recortar las uñas.
Manolo y la gorila
Un zoológico español compró una gorila hembra de una especie rara. Tras unas semanas, la gorila se volvió irritable y difícil de manejar. Después de examinarla, el veterinario determinó que estaba en celo, lo cual era un gran problema ya que no había ningún macho de esa especie disponible. Tras pensarlo detenidamente, el administrador del zoológico reparó en Manolo, un empleado encargado de limpiar las jaulas. Manolo tenía reputación de que, por lo bien dotado, podía satisfacer bien a cualquier mujer, y, como no parecía muy listo, tal vez podría convencerlo de que le hiciera el favor a la gorila. Así que le propusieron:
-¿Aceptarías tener relaciones con la gorila por 500 euros?
Manolo dijo que podría interesarle, pero que necesitaba pensarlo un poco. Al día siguiente, Manolo dijo que aceptaba, con tres condiciones:
-Primero, nada de besos. Segundo, no quiero saber nada de hijos.
-¡De acuerdo! -dijo de inmediato el administrador-. Pero, ¿cuál es la tercera?
-Bueno... ¡tiene que darme por lo menos otra semana para reunir los 500 euros!
Les habla el capitán
"Estimados pasajeros: bienvenidos a bordo. Les habla el capitán Galdós, del vuelo 888 con destino a la ciudad de Madrid. El tiempo estimado de vuelo será de 5 horas con 50 minutos. Les recordamos que en este vuelo está prohibido fumar y les solicitamos que se abrochen sus cinturones..."
Terminado el discurso de bienvenida, el piloto olvida desconectar el altavoz y, dirigiéndose a su copiloto, dice:
-¡Ahora sí, ! Apenas ponga el piloto automático, me hecho una cagadita y luego le hecho un polvito a la azafata.
Al escuchar todos el comentario, la azafata se lanza como un rayo a la cabina para avisar al capitán que desconecte el altavoz. Cuando va corriendo por el pasillo, de pronto, una viejecita que se encontraba en un asiento delantero le da un buen bastonazo, tirándola al suelo. Desconcertada, la azafata se gira hacia la anciana con expresión perpleja, y aquella le dice:
-¡Quietaaaaa! No sea impaciente, señorita, déjele primero cagar tanquilo.
Farmacéuticas
Dos mujeres, solteronas ellas, tenían una farmacia heredada de su padre. Un día entra un hombre y pide un condón. Una de las mujeres le muestra uno talla 42.
-No, ese no me vale, es muy pequeño para mi.
Le muestra uno talla 44.
-No, ese tampoco, todavía es pequeño.S
igue sacando y mostrando condones, y la última talla que le queda es una 50, pero el hombre dice todavía que no, que es pequeño. Entonces la mujer le grita a la hermana, que está en la parte de atrás de la farmacia:
-¡Hermenegilda!, el señor necesita un condón talla 52 y ya no nos quedan, ¿qué le ofrezco?
-¡Coñooo, ofrécele casa y comida, y la mitad de la farmacia si se viene a vivir con nosotras!
Ordeñadora automatica
Un ganadero viaja para participar en una feria ganadera, y en la feria se compra una ordeñadora completamente automatizada. Varias semanas después le llega el equipo y, ya que su esposa estaba de viaje, decide probarla primero él mismo, de modo que insertó su miembro viril en la succionadora y encendió el equipo. Todo sucedió automáticamente, y pronto se dio cuenta que el equipo le brindaba más placer que su propia esposa: éxtasis total al ritmo de los impulsos de la ordeñadora. Exhausto, cuando la diversión terminó se dio cuenta de que no podía retirar su miembro del equipo.Lo intentó de todas las maneras: para arriba, para abajo, para el costado, sin resultado. Entonces empezó a ponerse nervioso, y, aún conectado a las mangueras, se estiró hasta alcanzar los papeles de la ordeñadora que habían quedado sobre la mesa. Leyó el manual, sin conseguir ninguna información que lo ayudara, movió todos los botones, apagó el equipo y finalmente lo desenchufó, sin ningún resultado favorable. Decidió entonces llamar a la línea de servicios al consumidor de la compañía:
-Buenos días, señorita. Yo adquirí una ordeñadora automática en su compañía, trabaja fenomenal, pero, ¿cómo puedo hacer para remover los succionadores de los pezones de la vaca? Están como atascados...
-Señor, ¡no se preocupe! -respondió la telefonista-. La máquina los liberará automáticamente cuando recolecte 5 litros
Náufragos con necesidades
Un avión se estrella en el Pacífico Sur. Sólo sobreviven tres personas: el piloto, un auxiliar de vuelo y una azafata que se agarran a los restos del avión. Al cabo de una semana a la deriva llegan a una isla desierta, lejos de cualquier ruta aérea y marítima. Saben que no los buscarán más.
Entonces se organizan la vida, construyen una bonita cabaña, la naturaleza es generosa y les provee de carne, frutas y agua fresca. Ellos son jóvenes y fuertes.
Al cabo de dos meses de convivencia en la isla, la azafata se decide a hablar de un tema con los otros dos.
-Vamos a ver, amigos... Estamos solos, y puede ser que para siempre. Nos hemos respetado desde el momento en que llegamos aquí. Tenemos nuestra intimidad, todo está fenomenal. Pero... creo que todos tenemos ciertas carencias. Yo sé que vosotros por delicadeza no queréis hablar conmigo de eso, por lo tanto lo hago yo, a ver si estáis de acuerdo en esto: tú me lo haces los días pares y tú los impares. Y si surge cualquier problema lo hablamos y lo solucionamos.
Todos quedaron de acuerdo y encantados por haber estado tan organizados y poder hablar del asunto. Pasan unas semanas fabulosas, cada uno su turno, uno los días pares y el otro los impares, con un respeto y un entendimiento ejemplar.
Por desgracia, al cabo de unos meses a la chica la ataca un virus y se muere. Los dos hombres se quedan terriblemente tristes. Es una desgracia, pero la vida continúa y vuelven a la rutina de antes. Un mes más tarde uno de ellos se dirige al otro y le dice:
-Escúchame, el tiempo pasa; yo sé que esto es tan duro para ti como para mí, por eso tenemos que hablar. Me falta alguna cosa. Yo soy joven y no puedo seguir así. ¿Tú qué piensas?
El otro le dio las gracias por sacar el tema y le dijo que él también estaba pasando por la misma situación.
-¿Entonces tú también piensas como yo?
-Sí. Y si no funciona lo discutimos.
-De acuerdo..-Entonces, ¿cómo nos organizamos?
-Tú los días pares y yo los impares.-Está bien, no hay problema.
Y los hombres pasan otro montón de semanas geniales. Pero una noche uno le dice al otro:
-Escúchame, dijimos que lo discutiríamos si algo no iba bien. Bueno... yo pienso que esto no debe continuar. Estamos solos y necesitados, pero lo que estamos haciendo no me convence. Va en contra de la naturaleza.
-Me tranquilizas -le dice el otro-, yo también estaba pensando como tú. Me gustaría que parásemos. De todas formas ya no son las mismas sensaciones que antes.
-¿Estás de acuerdo entonces?
-Sí, ¿y tú?
-Yo también.-Bueno, entonces... ¿la sepultamos, no?
-Sí, la sepultamos.
Llamada a larga distancia
Una rubia impresionante entra en un centro de comunicaciones internacionales para enviar un mensaje a su madre. Cuando el hombre le dice que costaría $300, ella exclama:
-¡Cielos!, no tengo ese dinero. Pero necesito, como sea, enviar ese mensaje a mi madre.
El hombre arquea una ceja (como podemos imaginar) y le pregunta:
-¿Como sea?
-Sí, sí, por favor -exclama la rubia-.
-Bueno, entonces sígueme -dice el hombre caminando hacia el fondo-
.La rubia lo sigue.
-Entra y cierra la puerta. Arrodíllate.
Ella, extrañada, obedece.
-Bájame la cremallera del pantalón. Ahora sácamela... -dice él, ya muy excitado-
.Ella mete su mano, lo alcanza y lo saca. Hace una pausa, todavía dudando. El hombre cierra sus ojos y, excitadísimo, susurra casi sin voz:
-Bien, adelante, mujer.
La rubia, despacio, acerca sus labios mientras sostiene con una mano el miembro y, dubitativa, dice:
-Hola mamá, ¿me escuchas?
El peluquero y la niña
Una niñita acompaña a su papá a la peluquería. Se pone cerca del sillón del peluquero para ver bien, y empieza a comerse un chocolatín con forma de "conejito", mientras a su padre le cortan el pelo. Al cabo de un rato, el peluquero la ve tan cerca, le sonríe y le dice:
-Ten cuidado, que se te va a llenar de pelos el conejito.
-Sí -le responde la niña-, y eso no es nada, si vieras como me están creciendo las tetas...
Condones Olímpicos
Un hombre va de compras y descubre una nueva marca de condones: "Condones Olímpicos". Impresionado, compra una caja. Al llegar a casa, le anuncia a su mujer la nueva adquisición:
-¿Condones Olímpicos? ¿Y qué tienen de especial?
-Vienen en tres colores: oro, plata y bronce, como las medallas.
-¿Y qué color te vas a poner esta noche?
-Oro, por supuesto -dice el marido, orgullosamente-.
-¿De verdad? ¿Y por qué no usas de plata? ¡Estaría bien que alguna vez no acabaras primero!
El ganadero
El rico ganadero tomando de la mano a su novia mientras contempla a un toro haciéndole el amor a una vaca:
-Mi amor, ¡qué acto tan hermoso! ¿No te agradaría que yo hiciera lo mismo?
Ella, aparentando indiferencia:
-Si eso te agrada... pues adelante... Total, ¡la vaca es tuya!
Consecuencias
Una pareja está haciendo el amor. Cuando él está por acabar, le coloca el miembro en la oreja y le dice que quiere acabar allí. Ella, espantada le dice:
-¿Y si me quedo sorda?
-¿Te has quedado muda hasta ahora?
Alta ejecutiva
Una alta ejecutiva, muy seria y recatada, se hospeda en un hotel durante un viaje de trabajo y, al sentirse un poco sola y con una sensación de libertad que nunca había experimentado, decidió llamar a una de esas "empresas de acompañantes" que reparten propaganda a la salida de los aeropuertos. Si bien los servicios están pensados principalmente para hombres, entre los papeles que tenía encontró uno que ofrecía, literalmente, el servicio masculino, y en especial le llamó la atención uno que se llamaba "Ferótico". Después de analizar con cuidado la fotografía se decidió a llamar. Con el folleto en sus manos (que temblaban y sudaban por la expectación) levantó el teléfono y marcó el número que indicaba el folleto.
EL: "¡Hola!", contestó un hombre con una sensual voz.
ELLA: "Llamo del hotel Libertador, habitación 421".
EL: "Si, si".
ELLA: "Leí el folleto y veo que sabes de masajes, y la verdad es que necesito que vengas a mi habitación y me des uno urgente... A decir verdad, necesito masajes relajantes, casi mimos... No, espera, ¿para que me hago la estrecha?, en realidad lo que quiero es ¡sexo! Tengo ganas de tener una larga sesión de sexo salvaje. Quiero hacerlo en la cama, en el suelo, en el balcón, en el pasillo, en la ducha. Quiero exhibirme, sentirme humillada, que vean todos lo puta que soy, estoy harta de ser reprimida. Pero ¡ya! Estoy hablando en serio, deseo que dure toda la noche y estoy dispuesta a participar en variadas y atípicas cosas... si algo tiene un nombre que puedas pronunciar ¡yo quiero hacerlo! Trae toda clase de complementos, accesorios y juguetes para que te asegures que me mantendré despierta ¡toooda la noche! Quiero que me inmovilices y que me llenes el cuerpo con lo que quieras, para después limpiárnoslo uno al otro... con la lengua o lo que quieras, ¿qué te parece? Es más, si puedes venir con amigos, ven, que quiero que me hagan múltipe penetración y sentirme dilatada e inundada. ¿Qué te parece?"
EL: "La verdad es que suena fantástico, pero... señora Ramírez, para hacer llamadas externas primero necesita marcar el 9".
Excitado
El marido, al llegar a su casa, le dijo gritando a su mujer:
-¡Flora! ¡Prepárate para hacer el amor cinco veces!
-¡Guau! Mi amor, ¿vienes excitado?
-¡No! Vengo con cuatro amigos.
El tonto y las gallinas
María era la mejor moza del pueblo, la más guapa. Un día llegó a su casa y su madre le dijo que no había nada que comer.
-Tranquila, mamá, ahora mismo salgo y consigo algo.
Salió y vio venir a lo lejos al tonto del pueblo con tres gallinas y pensó: "¡Ya está, a este idiota le quito las gallinas!". Se arregló el pelo, comprobó su escote y se acercó al muchacho:
-Hola, ¿por qué no me regalas esas gallinas?
-No, estas son mis gallinas.
María le insistió, con voz dulce:
-Anda, regálame las gallinas...
-No, estas son mis gallinas.
Ella siguió insistiendo, hasta que el chico le propuso:
-Bueno, si me dejas chuparte un seno te doy una gallina.
Indignada, la chica contestó:
-¿Estás loco? ¿Por una gallina? ¡No!
-Bueno, entonces me voy.
María, recordando la situación en su casa, decidió ceder.
-Está bien, vamos detrás de aquel árbol.
Se sacó un seno y el sujeto comenzó a chuparlo. Después de eso, la joven se arriesgó:
-¿Por qué no me das otra gallina?
-No, esas son mis gallinas.-
Anda, dame otra gallina...
-Bueno, si te dejas chupar otro seno...-
¡Caramba! Está bien. ¡Total, ya me chupaste uno!
María se sacó el otro seno y se lo dejó chupar. Mientras el hombre estaba en lo suyo, María le dijo:
-¡Dame la otra gallina! ¿Qué vas a hacer con una sola? ¡Anda...!
-Bueno, si dejas que te chupe ahí abajo...
La mujer se quedó pensando y decidió aceptar. El tonto empezó a chupar y María comenzó a agitarse, a gemir y a gritar. Muy excitada, exclamó:
-¡No aguanto más, métemela, tonto! ¡Métemelaaaaaaa!
-Bueno, si me das las tres gallinas...
Atrapada en las rejas
Ricardo y Rafael paseaban por los alrededores de un jardín cuando vieron, dentro de éste, a una prostituta que les hacía señas desde detrás de la puerta para que se acercaran. Llegó Ricardo a la altura de la chica y ésta, de forma imprudente, metió la cabeza entre las rejas de la puerta para hablar con su posible cliente, con tan mala suerte que le quedó la cabeza enganchada y no la podía sacar. Ricardo vio la ocasión que ni pintada para saciar su deseo sin necesidad de pagar un céntimo. Así que saltó la tapia de acceso al jardín y, aprovechando la inmovilidad de la mujer, la penetró desde atrás. A continuación, se volvió hacia su amigo Rafael y le dijo:
-Es tu turno.
Rafael, mirándole con tristeza, le respondió:
-No creo que mi cabeza pase por entre los barrotes de la reja.
El cazador de osos
Carlos salió a cazar osos. Al encontrarse con un pequeño oso de color marrón le disparó. Entonces, sintió un golpecito sobre su hombro y, al darse vuelta, vio un gran oso negro que le dijo:
-Tienes dos opciones: o te golpeo hasta la muerte o nos entendemos con sexo.
Carlos decidió agacharse. Aunque sintió dolores durante dos semanas, rápidamente se recuperó y juró venganza. Por ello, inició otro viaje para encontrar al oso negro, y cuando al fin lo encontró le disparó. Entonces sintió otro golpecito en el hombro. Esta vez un enorme oso grisáceo estaba a su derecha. Era más grande que el oso negro, y le dijo:
-Esto te va a doler más a ti que a mí, pero tienes dos opciones: o te golpeo hasta la muerte o nos entendemos con sexo.Otra vez Carlos pensó que era mejor perder su dignidad que su vida. Aunque sobrevivió, pasaron muchos meses hasta que logró recuperarse. Ultrajado, se dirigió de nuevo al bosque con una sola meta: la venganza. Logró encontrar la pista del oso grisáceo y, cuando lo tuvo a tiro, disparó. De nuevo, sintió un golpecito en el hombro, se giró y vio un gigantesco oso polar. Éste, mirándolo fijamente, le dijo:
-Admítelo, Carlos: Tú no vienes aquí a cazar...
El cacahuete en la nariz
Como de costumbre, Pedro comía maníes mientras veía la tele. Y, como siempre hacía, los lanzaba al aire y los atrapaba con la boca. Pero una noche falló el tiro y un maní terminó atrapado en su nariz. ¡Por más que lo intentaba, no lograba sacarlo!
En ese momento llegó su hija adolescente, acompañada de un amigo. La hija intentó sin éxito sacar el maní. Cuando se dio por vencida dejó probar a su amiguito. Éste, con gran habilidad, logró sacar al intruso de la nariz de Pedro. Todo el mundo respiró aliviado, y la hija aprovechó la situación para presentar a su amigo al padre:
-Papá, éste es Juan. ¿A que no adivinas qué quiere ser cuando sea mayor?
A lo que el padre respondió:
-Por cómo huelen sus dedos, yo diría que mi yerno...
Pelotas de golf
Dos mujeres, que estaban jugando al golf, vieron con horror cómo la pelota que una de ellas había golpeado se dirigía directamente hacia unos hombres que jugaban en el siguiente hoyo. La pelota golpeó a uno de los hombres, quien de inmediato juntó ambas manos en su entrepierna y cayó al suelo rodando y gimiendo lastimosamente. Las mujeres corrieron hasta donde estaba el hombre. Una de ellas, sintiéndose culpable, dijo:
-Por favor, déjeme ayudarlo. Soy quiropráctica y sé cómo quitarle el dolor, si usted me lo permite...
-¡Ouch, auuuu, noooo! Estaré bien..., el dolor se me pasará en unos minutos -contestó el hombre, mientras permanecía en posición fetal, tirado en el césped y con las manos en su entrepierna
-.Ella insistió tanto que finalmente él permitió que le ayudara. Entonces la mujer le separó cuidadosamente las manos y lo tumbó boca arriba, le desabrochó el pantalón, puso sus manos dentro y comenzó a masajear suavemente toda la zona genital.
-¿Se siente bien? -preguntó al rato la mujer-.
-¡Me siento espectacular! -contestó el hombre-, pero la mano me sigue doliendo...
Amante descubierto
El amante, a punto de ser sorprendido por el esposo, saltó por una ventana. Al ser apenas las siete de la mañana, y no habiendo tenido tiempo de vestirse, para disimular comenzó a hacer "footing" al lado de un grupo de corredores en el parque. Sorprendido, uno de los corredores lo miró y le preguntó:
-¿Sin zapatillas?
-Sí, es para una mejor ventilación de los pies.
-¿Sin camiseta?-Sí, es para una mejor ventilación de las axilas.
-¿Sin pantalones ni calzoncillos?
-Sí, es para tener mayor agilidad.
-¡Ah, comprendo! Y entonces... ¿el condón lo llevas puesto por si llueve?
Hermanas desmemoriadas
Tres hermanas nonagenarias vivían juntas. Una noche la mayor, de 96 años, empezó a llenar la tina para darse un baño, puso un pie dentro, hizo una pausa y preguntó:
-¿Alguien sabe si me estaba metiendo a tomar un baño o estaba saliendo de bañarme?
Otra de las hermanas, de 94 años, le respondió:
-No sé, espera que subo a ver.
Cuando había empezado a subir las escaleras hizo una pausa y gritó:
-¿Estaba yo subiendo las escaleras o las estaba bajando?
La hermana menor, de 92 años, estaba sentada en la cocina tomándose una taza de té y escuchando a sus hermanas. Moviendo su cabeza, pensó: "Espero no llegar nunca a ser tan olvidadiza como mis hermanas, ¡toco madera!" Mientras pensaba esto dio tres golpecitos en la mesa de madera para que se le concediera el deseo, y luego dijo a sus hermanas:
-Ahora mismo voy a ayudarlas, pero primero voy a ver quién está tocando a la puerta.
Problemas de memoria
Una pareja de octogenarios tenía problemas de memoria. Durante su chequeo, el médico les dijo que estaban bien físicamente, pero que deberían comenzar a apuntar las cosas para recordarlas.
Mientras veían la televisión por la noche, ella se levantó de su silla y le preguntó a su esposo:
-¿Quieres que te traiga algo de la cocina?
-Tráeme helado.
-Está bien.
-¿No crees que deberías apuntarlo?
-No, yo me acuerdo.
-Bien, también quiero que le pongas fresas. Deberías escribirlo para que no te olvides.
-Yo puedo recordarlo. Quieres helado con fresas.
-También deseo crema chantilly. Seguro que lo vas a olvidar, escríbelo.
Irritada, respondió:
-¡No necesito escribirlo, puedo recordarlo! Helado con fresas y crema. ¡Por Dios, te lo traeré!
Fue a la cocina y regresó al cabo de 20 minutos, entregándole a su esposo un plato de huevos fritos con jamón.
Él miró el plato por un momento y luego la miró a ella, moviendo incrédulo la cabeza, miró de nuevo el plato y despúes otra vez a ella, y finalmente le preguntó:
-¿Dónde está mi tostada?
Regalando caramelos
Un día, una anciana pasa por una fila de prostitutas que están haciendo cola para control médico. La viejita le pregunta a la última prostituta que está parada en la cola:
_Hijita, ¿para qué es esta fila?
La mujer, burlándose, le dice:
-Lo que pasa, señora, es que allí adelante están regalando caramelos.
Entonces, la viejita, a quien le gustaban mucho los dulces, se para en la fila. Cuando llega a la ventanilla la enfermera se queda asombrada y le pregunta:
-¿Señora, usted tan viejita y todavía...?
-Sí, hijita, viejita ¡pero todavía chupo!
Viejas amigas
Las viejitas Raquel, judía de 84 años, y Juana, católica de 85, siempre fueron íntimas amigas. Como no querían crearles problemas a sus hijos y nietos, cada una resolvió irse a vivir a una residencia de la tercera edad de sus respectivas religiones. Pasados algunos meses, Juana echaba mucho de menos a su amiga y decidió ir a visitarla a la residencia judía. Al encontrarse hubo fiesta de lloros, besos y abrazos. Pasadas las primeras emociones, empezaron a conversar:
-Raquel, dime, ¿cómo es la vida en esta casa?
Raquel le contó acerca de la comida maravillosa, las instalaciones, la amabilidad de las enfermeras. Después, con un guiño de ojos, le hizo una confidencia:
-Lo mejor, Juana, ¡es que tengo un novio!
Juana exclamó:
-¡Virgen Santa! ¡Qué maravilla! Cuéntame, ¿cómo es eso?
-Bueno, después del almuerzo nos vamos hasta mi habitación y nos sentamos en el borde de la cama. Yo dejo que me toque por arriba y después por debajo, y entonces... cantamos canciones judías.
-¡Es maravilloso! ¡Eso es una bendición, Raquel! Estoy muy feliz por ti!
-¿Y tú, Juana? ¿Cómo es tu residencia?
Juana le contó sobre la comida maravillosa, las instalaciones, la amabilidad de las enfermeras. Después, con un guiño de ojos, le hizo una confidencia:
-¡Yo también tengo un novio, Raquel!
-¡Oh, qué bien, Juana! ¿Y qué es lo que haces con tu novio?Juana sonrió y le dijo:
-Subimos a mi habitación después del almuerzo y nos sentamos en el borde de la cama. Le dejo que me toque por arriba, después por debajo...
Raquel preguntó, ansiosa:
-¿Y entonces...?
Juana continuó:
-Y entonces, como no conocemos ninguna canción judía... ¡cogemos!
Prioridades
Una señora bien entrada en años estaba en la cubierta de un navío, agarrando su sombrero firmemente con las dos manos, para que el viento no se lo llevase. Un caballero se aproximó y le dijo:
-Perdóneme, señora. No quiero incomodarla, pero... ¿se dio usted cuenta que el viento le está levantando mucho su vestido?
-Sí, pero necesito las dos manos para sostener mi sombrero.
-¡Pero usted debe de saber que sus partes íntimas están siendo expuestas!
La viejita miró para abajo y luego para arriba y respondió:
-Caballero, cualquier cosa que se vea de aquí para abajo tiene muchísimos años. El sombrero lo compré ayer.
La vacuna
Don Agapito, señor octagenario, se puso el abrigo para salir de su casa aquella fría mañana.
-¿Dónde vas? -le preguntó con extrañeza su mujer-.
-A ver al médico -respondió el maduro señor-.
-¿Te sientes mal? -inquirió la señora-. ¿Te duele algo?
-No -contestó él-. Voy a que me recete viagra.
De inmediato la señora se levantó y se puso igualmente el abrigo.
-¿Dónde vas tú? -le preguntó Don Agapito-.
-También al médico -replicó la esposa-. Si has decidido usar otra vez esa cosa oxidada, yo voy a ponerme una vacuna para el tétanos.
Impotencia
Un viejito visita al médico, quejándose de su impotencia.
-Doctor, ¿qué puedo hacer para combatir la impotencia?
El doctor, al verlo muy acabado, y para sacárselo pronto de encima, le dice:
-Mire, abuelo, si quiere tener buenas erecciones, coma mucho pan.
Así que el viejito entra en la primera panadería que encuentra y pide 5 kilos de pan. La vendedora, extrañada, le pregunta:
-¡Qué bien, abuelo! ¿Familia numerosa?
-No, hijita, vivo solo.
-Entonces, ¿va a organizar alguna reunión?
-No, hijita, para nada.-Perdone la curiosidad -insiste la vendedora-, pero ¿para quién compra tanto pan?
-Pues es sólo para mí.
-Pero, para usted solo, es mucho pan. ¡Se le va a poner duro!
-¡Ah, picarona! ¡Tú también lo sabías!
Exhibicionista
Un hombre va a visitar a sus abuelos y, al llegar, observa que su abuelo Vittorio está sentado en la mecedora de la galería, con la camisa puesta pero desnudo de cintura para abajo. El hombre, sorprendido, exclama:
-¡Abuelo Vittorio! ¿Qué estás haciendo? ¡Santo cielo! Tu aparato está afuera, expuesto a la intemperie, y todo el mundo te lo ve...
El viejo se queda mirando, con la vista perdida, sin contestar. Entonces el nieto, irritado, le pregunta por segunda vez. Al fin, lentamente, el viejo le dirige la mirada y dice:
-Bueno... la semana pasada me senté aquí afuera, sin camisa, y terminé con el cuello rígido. Esto de hoy ha sido idea de tu abuela...
El Gran Farfalón
Un viajante llegó a un pequeño pueblo. Era domingo en la tarde, y los domingos en la tarde suelen ser tediosos en cualquier lugar del mundo. El visitante se aburría en la recepción del único hotel que había en el lugar. Le dijo el botones:
-Lo noto aburrido, señor.
-Así es -admitió el viajero-. En este pueblo no hay nada que hacer.
-Sí hay -lo corrigió el del hotel- Está el Gran Farfalón.
-¿Quién? -se extrañó el viajero-.
-El Gran Farfalón -repitió el botones-. Actúa en el teatro de la esquina.
-¿Y qué hace ese tal Farfalón?
-Si le digo lo que hace no me lo va usted a creer. Necesita verlo por sí mismo.
Como no tenía nada que hacer, el viajante se decidió a ir al teatro. A la hora anunciada comenzó la función. Un maestro de ceremonias anunció, grandilocuente:
-¡Señoras y señores! Esta empresa se enorgullece en presentar a su máxima estrella: ¡El Gran Farfalón!
Apareció en escena un joven atleta vestido con blusa y mallas blancas bordadas con reluciente lentejuela. Se escuchó una música sensual, y un reflector puso su luz en la figura del artista. Ante el asombro del viajero, el musculoso atleta empezó a despojarse de sus atavíos, prenda por prenda, hasta quedar completamente al natural. Salió una linda ayudante, colocó frente al galán una mesita cubierta con un paño de fieltro verde, y sobre ella puso cuatro nueces. La música se volvió más voluptuosa y sugerente.
El Gran Farfalón se concentró, y con la sola fuerza de su pensamiento puso en alto su masculinidad, tras lo cual procedió a golpear y romper en mil pedazos con su miembro las cuatro nueces que tenía frente a sí. Un clamoroso aplauso saludó la hazaña del singular atleta.
Pasaron 40 años, y otra vez el viajero acertó a hallarse en aquel pueblito. En el hotel reconoció al mismo botones y le dijo:
-Estuve en este pueblo hace 40 años, y vi actuar aquí a un artista singular.
-Ya sé de quién me habla -respondió el botones-: El Gran Farfalón.
-Sí -replicó el viajero con tono admirativo-. ¡Qué hombre extraordinario!
-Todavía trabaja.
-¡No lo puedo creer! -exclamó el viajero, estupefacto.
-Compruébelo usted mismo -replicó el empleado-. Está en el mismo teatro, y la función no tarda en empezar.
Se apresuró el viajante, compró su entrada y ocupó su butaca. Un maestro de ceremonias anunció:
-¡Señoras y señores! Esta empresa se enorgullece en presentar a su artista de siempre: ¡El Gran Farfalón!Apareció en escena el artista. El otrora atleta estaba convertido en un viejo decrépito. Encorvado, senil, caminaba con pasos lentos y penosos. Se escuchó la música, y el anciano procedió a despojarse de su atuendo, raído y desgastado ya. Su desnudez causaba lástima: se le podían contar las costillas; colgaba su piel, fláccida. Apareció una joven y guapa ayudante y colocó frente al viejo la mesa con el paño de fieltro verde. Pero en vez de poner sobre ella cuatro nueces puso cuatro cocos. Se concentró el viejito y, ¡oh prodigio!, su varonía se volvió a alzar, triunfante, cual la de un hombre en plena juventud, y con ella el artista procedió a hacer pedazos los cuatro cocos. Se escuchó la ovación, atronadora. El viajero, entusiasmado, fue al camerino del anciano. Todavía sin dar crédito a lo que había visto le dijo, lleno de admiración:
-Oiga, señor: estuve aquí hace 40 años, y lo vi realizar su acto con nueces. Pasan cuatro décadas, regreso, ¡y ahora lo hace usted con cocos!
Respondió el viejecito con voz doliente y tono de disculpa:
-Es que ya no veo bien.
Los maníes
En un autobús del Imserso, repleto de ancianos, una abuelita se levanta de su asiento, le toca el hombro al chófer y le ofrece un buen puñado de maníes sin cáscara. El chófer, sorprendido, le da las gracias y se los come con agrado. Cinco minutos después, la abuelita repite, el chófer vuelve a agradecerle el gesto y se los come. Al cabo de unos diez puñados, el chófer ya no puede más y le pregunta:
-Dígame, abuelita, es muy gentil de su parte atiborrarme de maníes pelados, ¿pero usted no cree que a lo mejor sus cuarenta amigos y amigas querrían también unos pocos?
-No, joven. Como no tenemos dientes, sólo les chupamos el chocolate.
Borrachines en el prostíbulo
Dos viejitos, después de emborracharse deciden ir a un prostíbulo. Al llegar, la madame los mira bien, llama a la encargada y le dice:
-Ve a los dos primeros cuartos y coloca una muñeca inflable en cada cama. Estos dos viejos están tan borrachos que no van a notar la diferencia. No voy a cansar a mis muchachas con estos dos borrachines.
La encargada cumple las órdenes y los dos viejos van a sus respectivas habitaciones y hacen sus faenas. En el trayecto de vuelta a sus casas, uno de ellos dice:
-Creo que la mujer que estaba conmigo estaba muerta.
-¿Muerta? ¿Por qué piensas eso?
-Es que no se movió ni habló mientras le hacía el amor.
-Podía haber sido peor. ¡Yo creo que la mía era una bruja!
-¿Una bruja? ¿Por qué dices eso?
-Bueno... lo que pasó es que mientras yo estaba en los preliminares le di un mordisquito en el culo, entonces ella se tiró un pedo en mi cara, salió volando por la ventana y encima se llevó mi dentadura.
La edad y la sordera
-Mira, la peor parte se la llevan nuestras mujeres. Además, ellas siempre se negarán a admitir que envejecen y tratan por cualquier medio de esconder sus achaques.
-¿Sabes que es cierto? Tienes toda la razón. Te cuento: he encontrado un buen truco para hacerles ver sus discapacidades por medio de un jueguito. Si quieres saber si tu mujer está empezando a quedar sorda, colócate a 10 metros de ella y hazle una pregunta. Cuando veas que no te responde, acércate a 5 metros. Después a 2 metros y luego a un metro. Ya no le quedará más remedio que darse cuenta que está sorda.
El viejito encuentra que la idea es buena y cuando llega a casa se coloca a 10 metros de su mujer y pregunta, levantando la voz:
-Cariño, ¿qué hay de cenar?
No recibe respuesta. Entonces se acerca a 5 metros y le pregunta de nuevo:
-Cariño, ¿qué hay de cenar?
No recibe respuesta, por lo que decide acercarse a 2 metros:
-Mi amor, ¿qué vamos a cenar?
Nada de nada. Se acerca a un metro de ella:
-Mi vida, ¿qué vamos a cenar?
Y la esposa, enfurecida, le responde:
-¡Huevón! ¡Te he dicho cuatro veces que pollo con papas fritas!
Carta de la abuelita
Querido nieto:El otro día tuve una experiencia religiosa increíble, y que quiero compartir contigo. Fui a la librería cristiana y allí encontré una calcomania para el coche que decía: "Toca la bocina si amas a Dios". Dado que había tenido un día muy malo, decidí comprarla y pegarla en el parachoques de mi coche.
Al salir conduciendo, llegué a un cruce de dos avenidas que estaba muy complicado, con muchos vehículos. La temperatura exterior era de 37 grados y era la hora de salida de las oficinas. Allí me quedé parada, porque la luz estaba roja, pensando en el Señor y en todas las cosas buenas que nos ha dado. No me di cuenta que la luz se había puesto en verde, pero descubrí que muchos otros aman al Señor porque inmediatamente comenzaron a sonar las bocinas... ¡Fue maravilloso!La persona que estaba detrás de mi auto era sin duda muy religiosa, ya que tocaba la bocina sin parar y gritaba: "¡Dale, por el amor de Dios!". Dirigidos por él, todos hacían sonar la bocina. Yo les sonreí y los saludaba con la mano a través de la ventanilla, totalmente emocionada.Vi que otro muchacho me saludaba de una manera muy particular, levantando sólo el dedo medio de la mano. Le pregunté a Betito, tu primo, que estaba conmigo, qué quería decir ese saludo. Me contesto que era "un saludo hawaiano" de buena suerte. Entonces yo saqué mi mano por la ventanilla y saludé a todos de la misma manera. Tu primo se doblaba de la risa, supongo que por la bella experiencia religiosa que estaba viviendo.
Dos hombres de un auto cercano se bajaron y comenzaron a caminar hacia mi coche, creo que para rezar conmigo o para preguntarme a qué templo voy, pero en ese momento fue cuando vi que la luz estaba verde. Entonces, saludé a todos mis hermanos y hermanas y crucé el semáforo. Después de cruzar, noté que el único auto que había podido pasar era el mío, ya que la luz volvió a ponerse en rojo, y me sentí triste de dejarlos allí después de todo el amor que habíamos compartido. Por lo tanto, paré el coche, me bajé, saludé a todos con el saludo hawaiano por ultima vez y me fui. Ruego a Dios por todos esos buenos hombres y mujeres.
Besos,Tu abuela
Terapia sexual
Una pareja de sexagenarios acude a la consulta de un terapeuta sexual. Sin más preámbulos, el caballero le dice:
-¿Doctor, podría usted observarnos mientras tenemos un coito?
El médico queda un poco atónito, pero acepta. Cuando la pareja termina, el doctor les dice:
-No hay nada de malo en la forma como ustedes lo hacen -y les cobra $32-.Esto sucede durante varias semanas seguidas. La pareja pedía una cita, llegaba, tenían relaciones sin problemas, pagaban al doctor y salían. Finalmente el doctor les pregunta:
-¿Qué es exactamente lo que ustedes están buscando? ¿Cuál es el problema que tienen?
-Mire doctor, le voy a ser sincero: ella es casada y no podemos ir a su casa, yo soy casado y no podemos ir a mi casa. El Holiday Inn cobra $50, el Hilton $78; aquí lo hacemos por $32 y el seguro me cubre $28.
El cumpleaños de Chichí
Chichí, una señora mayor, le pidió a su sexagenario hijo:
-Hijo, quiero celebrar mi cumpleaños con las chicas y me gustaría que me organizaras un poco la fiesta.
-Claro, mamá, quédate tranquila que yo lo arreglo todo.
-¿Arreglar qué?
-¡La fiesta, mamá!
-¡Ah, sí! Ya se me había olvidado.
Esa tarde el hijo llevó a su madre a la cocina y le mostró un papel pegado en la nevera:
"1- Servir té.
2- Servir sandwiches.
3- Servir más té.
4- Servir galletas."
-¡Qué bueno! -dijo la señora-. Ahora no tendré problemas. ¡Gracias, hijo!
Esa tarde llegaron las chicas. Chichí, buena anfitriona, las acomodó en el salón, se excusó y fue a la cocina. Leyó:"1- Servir té."Y allí les llevó té a sus amigas, en una coqueta mesita. Al rato de charla, Chichí, nerviosa, entró de nuevo en la cocina y leyó otra vez: "1- Servir té."Y les sirvió más té a sus amigas. Repitió la misma operación cuatro veces, sirviéndoles té en cada ocasión. Finalmente, las chicas se fueron. Una de ellas susurró al oído de otra, mientras salían:
-Tota, ¿te has dado cuenta qué mala anfitriona es Chichí? ¡Ni un té nos dio!
Tota respondió:
-¿Chichí? ¿De qué Chichí me hablas?
Esa noche, el hijo de Chichí llegó a casa de su madre y se asombró al ver que los paquetes de sandwiches y galletas estaban intactos. Preguntó a su madre:
-Mamá, ¿qué ha pasado?
Chichí le respondió:-¿Te puedes creer que esas sinvergüenzas no vinieron?
El sexo de los abuelos
Juanito, muy curioso, preguntó al abuelo:
_Abuelo, ¿tú todavía tienes sexo con la abuela?
-Sí, pero sólo sexo oral.
Juanito, todavía más curioso, preguntó de nuevo:
-¿Qué es sexo oral, abuelo?
El abuelo respondió:
-Yo le digo a tu abuela: "hacete culear por un perro"; y ella me responde: "anda a que te la den por el culo".
Sexo en la tercera edad
Marcos tiene 95 años y vive en un asilo de ancianos. Todas las noches, después de cenar, se recluye en un sector apartado del jardín. Una noche, María, de 87 años, se le acerca. Comienzan a charlar y él le dice a ella:
-¿Sabés qué es lo que más extraño de todo?
_¿Qué?
-El sexo.
Con una cara de tristeza María exclama:
-¡Viejo verde! ¡A ti ya no se te levantaría por nada del mundo!
-Ya lo sé, pero me gustaría que una mujer me lo sostuviera por un rato.
-Bueno, yo puedo ayudarte -dice María, y, uniendo el gesto a la palabra, le baja el cierre del pantalón, le saca suavemente el miembro y se lo mantiene en la palma de la mano-.
La cara de Marcos es de absoluto placer. Acuerdan encontrarse todas las noches en el jardín, donde se sentarán a charlar y María se lo sostendrá por un rato.
Una noche, sin embargo, Marcos no apareció a la hora y en el lugar acordado. María, alarmada, comenzó a buscarlo por todos lados para asegurarse de que estuviera bien. Terminó por encontrarlo al borde de la piscina, junto a Paquita, otra compañerita de 78 años, quien estaba sosteniéndosela con la mano. Furiosa, María lo increpó:
-¡Traidor hijo de puta! ¿Qué tiene esa Paquita que no tenga yo?
Marcos, con el rostro radiante de placer, le respondió:
-¡Parkinson!
Comprando un vibrador
Una señora mayor llega a un sex shop:
-Señor, ¿me puede vender un vibrador?
-Por supuesto, señora. Aquí, en la pared, está la exhibición de todos ellos. Seleccione el modelo que le guste.
La señora miraba y miraba la exhibición y al rato le dice el vendedor:
-Señora, ¿ya encontró el que le gusta?
-Si. Páseme ese rojo que esta allí, a la derecha.
-¿Este? Este no se lo puedo vender. Los vibradores están del extintor de incendios hacia la izquierda.
Amigas mayoresDos mujeres mayores han sido amigas por décadas. A través de los años ellas compartieron toda clase de actividades y aventuras; pero últimamente sus actividades se han limitado a encontrarse algunas veces; durante la semana a jugar a las cartas.Un día estaban jugando a las cartas, cuando una de ellas mira a la otra y le dice:
-No te vayas a enfadar conmigo: sé que hemos sido amigas durante mucho tiempo, pero no puedo recordar tu nombre. Pienso y pienso, pero no lo recuerdo. Por favor, recuérdame tu nombre.
Su amiga la observa con una mirada cortante, penetrante. Por lo menos por 3 minutos la sigue mirando, sorprendida, y finalmente le dice:
-Espero que no estés muy apurada por saberlo.
Madre a los 65 años
Con la nueva tecnología aplicada para la fertilidad, una mujer de 65 años dio a luz a un bebé. Cuando salió del hospital y fue a su casa llegaron sus familiares a visitarla.
-¿Podemos ver al bebé? -preguntó uno de ellos-.
-Todavía no -dijo la flamante madre de 65 años-, pronto.
Pasó media hora y otro de los familiares preguntó:
-¿Ya podemos conocer al nuevo bebé?
-Todavía no -dijo la madre-.
Pasó otro rato y volvieron a preguntarle, impacientes, a la madre:
-Pero bueno, ¿cuándo vamos a ver al bebé?
-Cuando llore -fue la respuesta-.
-¿Cuando llore?, -reclamaron-. ¿Por qué tenemos que esperar hasta que llore?
-Porque no recuerdo dónde lo puse...